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¡Hola, hola fotógrafos!

Hoy os quiero hablar de algo que me pasó el otro día. Yo vivo en Madrid, y justo el pasado fin de semana fue el cumpleaños de mi abuelo así que decidí bajar a Marbella para celebrarlo con mi familia, 75 años no se cumplen todos los días.

Mi abuelo es un fanático de la fotografía, supongo que mi pasión me quedó en herencia y se ha saltado una generación. Y así hablando me dijo que me tenía que enseñar algo. Bajamos al trastero y sacó cajas y cajas del fondo, en total 5. Estaban todas llenas hasta arriba de fotografías. Y lo que más me impresionó, una cámara de video antigua, antiquísima. Estuvimos viendo las fotos, miles de fotos. Unas de polaroid, otras reveladas por el mismo, negativos, tiras y tiras de fotos.

Y es que, yo sabía de las existencia de estas fotos, pero lo que no sabía es que mi abuelo tenía en casa una sala para revelar fotos. Y que todas las fotos allí presentes las había revelado él. La historia de su vida en cajas. Y eso me emocionó mucho. Y a la vez me dio pena, me dio pena que hoy en día guardemos todas las fotos que cuenten nuestra vida en carpetas de ordenador, ¿que pasará con ellas? Quizá ni vuelva a abrir esa carpeta. Quizá se me rompa el ordenador y lo pierda todo.

También me enseñó varias cámaras antiguas, nada que ver con la mía. Me encantó que compartiera todo esto conmigo. Y lo que más gracia me hizo fueron sus técnicas de fotografía. Había una seria de fotografías con las que me reí mucho. Era una tira con fotos de mi tío de pequeño, la primera serio, la segunda medio riéndose, la tercera a carcajadas, la cuarta enfadado y la última llorando. Me dijo, esta es la bipolaridad de un niño, con una sola frase en cada foto sus emociones fueron cambiando.

Y bueno como podéis ver, mi abuelo era un artista.